En el rodaje de El Camerino

12038705_1487289981566133_6528369868206668028_oAlgunas tareas me han mantenido alejada de este blog durante los últimos meses. He estado realizando un cortometraje muy bonito llamado ‘El Camerino’ protagonizado por Luis Bermejo y Guillermo Catalá, he estado preparando y dando clases de webseries y webdocs en el Máster en Periodismo Transmedia de la Universidad Carlos III de Madrid con RTVE, trabajos varios de tipo corporativo y actualmente preparando otro curso para noviembre en Valencia. Además, volver a escribir en el blog significaba tener que migrar todo para cambiarme de Blogger a WordPress y renovar los aires del sitio, que estaban, por qué no decirlo, obsoletos. Pero hoy por fin he decidido hacer el cambio de plataforma (ufff, ha sido duro) y escribir sobre algo que llevaba un tiempo pendiente: el Camerino.

El camerino es una historia que nos resultará muy cercana a todos los que trabajamos en el sector audiovisual y hemos tenido que lidiar con actores y/o directores ególatras y la sinopsis dice así: “Iván es un actor de 10 años que ha alcanzado la fama con un popular musical, José Luis es un director fracasado que detesta trabajar con estrellas y Amparo es una experimentada regidora a punto de retirarse. Hoy se estrena su última obra e Iván ha decidido que no quiere salir a actuar.”

Como os podéis imaginar, toda la acción transcurre en un camerino y es llevada por el niño y el director, quienes tienen que intentar negociar y ponerse de acuerdo para salir a actuar y terminar la función. Es decir, que dos actores de 40 y 10 años respectivamente tienen todo el peso de la interpretación.

Por eso, la principal complicación en un rodaje de este tipo era el trabajo actoral. Tenía que dirigir por un lado a Luis Bermejo, un actor que tiene 2 nominaciones al Goya a mejor actor (Por Magical Girl y por Una Palabra Tuya) y por otro lado a Guillermo Catalá, un niño de diez años que, como todos los que hemos trabajado con pequeños alguna vez, puede ser una maravilla o un completo desastre.

Por eso, en este sentido, la labor más complicada está en el casting. Lo que más me importaba a la hora de hacer la audición era que el actor seleccionado fuera capaz de recibir, interpretar y materializar una orden de dirección, por muy absurda que fuera. No me importaba tanto ver que fuera un talentazo (no podemos pretender que un chico tan joven lo haga perfecto a la primera) sino más bien que supiera dejarse guiar, obedecer e interpretar unas órdenes sin que resultase forzado.

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Por eso seleccionamos a Guillermo Catalá, porque puede decir una frase con una intención y después pedirle que lo haga de forma completamente diferente y así lo hará. Cuando comenzamos los ensayos, supe que había acertado completamente con la elección. Guillermo Catalá resultó ser un actor maravilloso.

De Luis Bermejo no hace falta hablar, es un actor muy grande y pese a su enorme trayectoria, se deja aconsejar y guiar perfectamente. Fue un auténtico placer trabajar con el tándem Bermejo-Catalá. Además, apenas pudimos ensayar los tres juntos hasta el día antes de rodar, pues Luis estaba en Madrid y nosotros en Valencia, o sea que llegamos casi vírgenes al rodaje. Pero la conexión entre los dos actores fue instantánea.

Otra de las complicaciones para llevar a cabo el corto era la selección de la localización. Los camerinos, normalmente, son espacios pequeños, blancos y asépticos, con un concepto muy alejado de la estética clásica que normalmente vemos en las películas.

El equipo de producción, dirección y arte recorrimos casi todos los camerinos de las salas de teatro de Valencia y ninguno nos encajaba. Primero, meter a 20 personas en espacios tan reducidos no es una buena idea y lo más importante, la estética no nos cuadraba. Queríamos un camerino más clásico, colorido, con luz cálida e iluminación puntual alrededor de toda la sala. Que se pareciera mucho más a los camerinos que siempre aparecen en las películas. Ah, y por supuesto, lo suficientemente grande para rodar.

Por casualidad, uno de nuestros productores (Antonio Expósito) dio con un bar en el barrio de Ruzafa que se llamaba ‘el camerino’ y que conservaba mucho mobiliario clásico, local que finalmente fue el espacio decidido. Eso sí, nuestra directora de arte, Cristina Vivó, tuvo que fabricar el clásico tocador de bombillas, forrar y tapizar los biombos, deshacerse de los miles de espejos antiguos que se encontraban en la sala y en definitiva, adaptar una cafetería llena de mesas a la estética de un camerino.

12027319_10156157648835444_2891210131338651174_oAdemás, Amor y el resto de los trabajadores y socios del camerino nos pusieron absolutamente todas las facilidades del mundo para rodar ahí. Pasamos muchas horas en el sitio planificando la grabación pero como la carta del bar es buena, bonita y barata, las reuniones en el set siempre eran bienvenidas 🙂

A nivel de realización también surgía una complicación adicional para este proyecto; la que siempre surge cuando toda la acción transcurre en un mismo escenario: puedes aburrir. Si pensamos en películas que transcurren en una misma localización todo el tiempo, como ’12 hombres sin piedad’, ‘El método’, ‘Un Dios Salvaje’ e incluso ‘Buried’, no solo no aburren, sino que el hecho de que no cambien de escenario potencia el resultado final porque el director no tiene que presentar nuevos espacios y situar al espectador, así que puede centrarse en lo único importante: la historia.

Pero para no aburrir al espectador con dos personajes hablando todo el tiempo en un espacio tan pequeño, además de las cosas obvias (buenos actores, ritmo en el guión…), se necesita trabajar mucho la puesta en escena, mover a los personajes de un lugar a otro del espacio de forma coherente y por supuesto, lo más importante, que los protagonistas tengan la conexión suficiente para mantener por ellos mismos el peso de la historia.

De todas formas, la mejor manera de salvar todas las complicaciones en un rodaje es rodearse de un buen equipo y eso es lo que hemos hecho en el camerino. Todos los departamentos hemos trabajado en una misma dirección, respetando la función de cada uno y aportando al conjunto final. Vestuario, arte, maquillaje y peluquería, sonido, fotografía, cámara, producción, dirección, making of, posproducción… Todos los que han participado en este proyecto han dado el máximo y es por eso que, aunque todavía estamos empezando la fase de edición, estamos bastante contentos con el resultado. ¡Esperamos poder terminarlo pronto!

12094948_1486374874990977_3883213076464036400_o* Las fotos que publico en esta entrada han sido realizadas por Ferrán Martí, Jesús Peláez y Vicente Vidal, nuestros encargados de making of y foto fija durante en rodaje.

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